Tras haber decidido que uno realmente quiere probar suerte como freelance en este mundo de la traducción, se llega inevitablemente a la siguiente cuestión: ¿por dónde empiezo?
Lo más sensato tal vez sería lanzarse a la piscina, pero guardando la ropa al mismo tiempo. O sea, si contamos con algún tipo de trabajo, intentar compaginar éste con nuestra actividad como traductores independientes. Lo más lógico es que durante los primeros meses no obtengamos unos ingresos lo suficientemente grandes como para cubrir todos nuestros gastos, por lo que quizá sea necesario complementarlo con un trabajo a media jornada.
Quizá el primer paso para encontrar clientes sea realizar un buen currículum y enviarlo a tantas agencias de traducción como podamos. Un currículum dice mucho más del que lo envía que lo que en un principio se podía esperar. Mi consejo es que intentéis que vuestro currículum no sobrepase las dos páginas de extensión. Pensad que las agencias reciben cientos de cartas de traductores ofreciendo sus servicios, por lo que vamos a intentar facilitar la labor a la persona que tiene que leerlos, clasificarlos y archivarlos.
En vuestro currículum deben aparecer todos los datos de contacto: teléfono, teléfono móvil, correo electrónico y dirección. Os sorprendería ver la cantidad de personas que olvidan estos datos en el suyo. Junto a vuestros datos personales, yo os aconsejo escanear una foto vuestra, una en la que salgáis bien y que no sea de la primera comunión a poder ser, y colocarla en el encabezado. La persona que tenga que escoger a un traductor se va a sentir más tentado de elegir a alguien «a quien ya conoce».
Si sois traductores noveles, deberéis dedicarle una mayor atención al apartado de formación y estudios. A medida que vayáis consiguiendo trabajos, este apartado debería ir ganando peso y relevancia en vuestro currículum. A mí modo de ver, no creo que sea necesario explicar toda nuestra trayectoria escolar. Se sobreentiende que si uno ha llegado hasta la universidad es porque ha dado todos los pasos anteriores y que nuestros padres no nos matricularon directamente en la universidad. Por lo tanto, yo me centraría en la educación superior, así como en cursos que consideréis importantes.
Otro apartado importante será el de vuestros conocimientos informáticos así como vuestro equipo. Mencionad todos los programas con los que os sentís cómodos trabajando y con los que hayáis tenido experiencia. Asimismo, también debéis incluir vuestro equipo informático. Si disponéis de grabadora de CD, impresora, fax, etc.
Intentad que vuestro currículum tenga un diseño atractivo y moderno, pero tampoco os paséis: nada de colores llamativos, letras en rojo y cosas por el estilo.
Vuestro currículum será lo primero que van a ver de vosotros. Si el currículum está mal organizado y con faltas de ortografía, ¿por qué no van a estarlo vuestras traducciones? Por ello, dedicadle varios días si es necesario, enseñádselo a algún amigo de confianza para que dé su opinión y modificadlo hasta que creáis que es perfecto. Más vale enviar un currículum perfecto dentro de dos semanas, que enviar hoy un currículum «menos bueno».
Una vez tengáis vuestro currículum redactado y revisado, podéis empezar a enviarlo a las agencias de traducción de vuestra ciudad. Acompañadlo siempre de carta de presentación, en la que os presentéis y expliquéis resumidamente, repito, resumidamente, por qué creéis que vuestros servicios pueden ser de utilidad a dicha agencia.
Si tenéis una tarjeta profesional, enviadla junto con el currículum. Y si no la tenéis, ¿a qué estáis esperando?
Una vez enviado nuestro currículum a todas las agencias conocidas y por conocer, debemos esperar a que suene el teléfono. Pero eso no quiere decir que no tengamos más cosas que hacer. En el siguiente artículo «No sólo de agencias vive el hombre» hablaré de cómo empezar a buscar clientes directos.

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