En el mundo de los aficionados al doblaje (no confundir con el de los profesionales del doblaje) no hay nada peor a sus oídos que la palabra redoblaje. Para ellos un redoblaje equivale a un sacrilegio, la profanación de las voces sagradas del pasado. Todo redoblaje es sistemáticamente malo.

Bueno, pues yo participé hace ya bastantes años en el redoblaje de Superman. ¡Y no sabéis la ilusión que me hizo! Yo vi a Superman por primera vez en un cine de verano con apenas 8 o 9 años y me quedé maravillado. Qué gran personaje, qué gran película. ¡Un hombre que podía volar! También recuerdo la leyenda negra que se escuchaba en clase y entre las madres que nos esperaban a la puerta del colegio: «un niño se ha tirado del balcón imitando a Superman».
Volviendo al redoblaje, y dejando aquel cine de verano al aire libre, traduje unas pocas escenas adicionales de la película y pese a que me hubiera gustado, y creo que le habría venido bien, no me dejaron tocar el diálogo del doblaje original. Aquel fue un trabajo que hice con una enorme ilusión. Ninguna otra película me recuerda más a mi infancia que aquella y solo las de Tarzán estarían a la par. ¡Qué gran personaje Tarzán!

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